¿QUÉ DEFINE A UN BUEN CONSULTOR DE ERP?
En dos salas de reuniones, los equipos de cliente de dos empresas distintas esperan con cierta ansiedad al consultor que está gestionando la implantación del ERP. En ambas se va a llevar a cabo la presentación del primer borrador del documento de requerimientos funcionales para abrirlo al debate.
El primero llega a la sala con un documento compuesto de 150 folios que contienen textos interminables. Empieza a leerlo sin invitar a hacer preguntas, las cuales deja para el final. Utiliza un lenguaje lleno de anglicismos y tecnicismos que deja entrever cierta superioridad. Cuando termina, la sala queda igual que antes: con dudas, con ruido, con la sensación de haber escuchado algo que podría aplicarse a cualquier empresa del mundo.
El segundo llega con una presentación muy bien estructurada. Habla con seguridad, con palabras que todos entienden y muestra dominio. Profundiza en los detalles y trae muchas preguntas sobre alternativas funcionales que el cliente debe aclarar. Por su parte, responde a sus preguntas de forma clara cuando tiene respuesta y se compromete a responder a algunas cuestiones que tiene que pensar. Se le ve amable pero firme. Plantea constantemente ejemplos vividos en otras implantaciones y en ocasiones aporta ideas que facilitarían las cosas en la empresa. Escucha más de lo que habla. Se pasa la sesión intentando encontrar el alma y los detalles de su cliente. Cuando termina, la sala entera siente que por fin ve cómo va a ser su experiencia.
Ambos consultores han dedicado el mismo tiempo, han cobrado la misma tarifa y han trabajado con la misma información. Sin embargo, el impacto de su intervención es radicalmente distinto. Esa diferencia —sutil en apariencia, profunda en consecuencia— es el punto de partida de este artículo.
Características generales de un buen consultor de ERP
Lo cierto es que hay varios factores genéricos que nos ayudan a valorar la pericia de un buen consultor de ERP. Entre esos factores que conforman un buen consultor, diferenciamos los técnicos, los de carácter y los de gestión.
Los factores técnicos más relevantes son:
- Conocimiento profundo del ERP: sus capacidades, tanto técnicas como funcionales.
- Experiencia completa en los ámbitos de los módulos: no se trata solamente de saber cómo funciona el módulo de almacén, sino cómo funcionan los almacenes en general. La experiencia funcional permite profundizar en las necesidades del cliente a un nivel superior, haciendo incluso propuestas en las que el cliente no había pensado.
- Otras cualidades de conocimiento: conocimiento del sector o sectores similares, de Project Management, etc.
- Pericia en el manejo de la Inteligencia Artificial: para conseguir una buena productividad en su trabajo de consultoría. Hay una tendencia reciente que indica que las personalizaciones, o al menos muchas de ellas, serán desarrolladas por la IA con la simple definición, supervisión y validación de los propios consultores.
Son necesarios otros factores que llamamos ‘de carácter’ que permiten facilitar o asegurar el proceso y la relación con el cliente. Estos factores son los que emanan de la actitud personal del consultor hacia su desempeño profesional. Destacamos algunos:
- Paciencia y constancia: en ocasiones, un buen proyecto se diferencia de uno peor en haber dedicado un diez por ciento más de tiempo, en haber mantenido una reunión más, en haber hecho un esfuerzo de claridad, en haber profundizado un poco más con el cliente.
- Integridad: a lo largo de nuestra vida hemos visto muchos clientes que nos manifestaron que se les había perjudicado en algún momento previo con una falta de integridad manifiesta.
- Comunicación honesta: un buen consultor prefiere decir ‘no’ a tiempo que aceptar un requerimiento que sabe que va a ser un problema en el futuro. Desde ese ‘no’ bien argumentado, buscarán soluciones conjuntamente, que normalmente las hay.
- Fortaleza y control emocional: en ocasiones los proyectos presentan dificultades y se genera un ambiente complicado. A veces surgen situaciones de estrés o simplemente desagradables. La fortaleza de carácter se hace entonces muy importante para saber moverse por el proyecto en esos momentos.
Se requiere capacidad de gestión que complementa al Jefe de Proyecto. Podemos descomponer esta capacidad en los siguientes atributos:
- Experiencia general de implantación: esto se refiere a aspectos como la metodología, la gestión de las incidencias, habilidades de negociación, etc.
- Visión estratégica: no sólo aplica metodología; marca el rumbo. Prioriza, reorienta al cliente en lo importante.
- Psicología aplicada: entiende los diferentes perfiles del cliente, gestiona expectativas, compromete, convence a los usuarios que se oponen al cambio.
- Capacidad comercial: detecta necesidades y evita que el proyecto se perciba como impuesto.
Enfoque en los GAPs del proyecto
Cuando un cliente encarga un proyecto, su previsión inicial habitual es ‘cubrir todas sus necesidades’. En el caso de los ERPs que son muy configurables y personalizables, este concepto de ‘cubrir todas sus necesidades’ es un objetivo que no se alcanza nunca del todo, debido a la evolución de su empresa que siempre presentará nuevas necesidades o a restricciones presupuestarias que limitan los proyectos iniciales.
Incluso en los casos en los que no hay restricción presupuestaria y el cliente tiene la intención inicial de ‘cubrir todas sus necesidades’ se producen los GAPs de necesidades no cubiertas que se mencionan a continuación:
GAP de definición
Es el GAP que se produce entre las necesidades totales del cliente y lo que ha quedado plasmado en el Documento de Requerimientos Funcionales. Este GAP está muy relacionado con el cliente.
Con el mismo consultor, puede haber un GAP de definición de hasta un 15% dependiendo de si trata con un cliente muy preparado o uno más bien confuso. Pero si el consultor no tiene la cualificación suficiente, este GAP puede extenderse hasta un 30%.
GAP de diseño
Es el GAP que se produce cuando el consultor hace la definición funcional de cada uno de los desarrollos que va a necesitar el cliente para completar el estándar.
Un buen consultor suele tener desviaciones mínimas y suele definir con cierta precisión todos los casos de uso que serán definidos técnicamente y realizados por los analistas y programadores posteriormente. Pero un consultor no cualificado realizará un diseño más pobre que será una fuente de incontables incidencias en las pruebas y en la puesta en real.
GAP de desarrollo
Este GAP se produce en la definición técnica de cada desarrollo o en los errores de programación. Este GAP no afecta directamente al consultor que no participa en esta fase.
Pero lo cierto es que un consultor experto con ciertos conocimientos de programación tiende a revisar la especificación técnica de cada desarrollo y es capaz de corregir o matizar la especificación para minimizar estas incidencias.
‘CONTRAGAP’ de pruebas
Los GAPs anteriores iban aumentando la brecha entre las necesidades del cliente y el producto que le hemos preparado. Sin embargo, con unas pruebas concienzudas del consultor repetidas después con el cliente se pueden corregir gran parte de los GAPs definidos hasta ahora. Por este motivo lo llamamos CONTRAGAP.
Este GAP vuelve a depender en cierta medida de la capacidad, liderazgo y disponibilidad del equipo de proyecto del cliente, pero está claro que un buen consultor puede corregir los errores de las pruebas internas y sabe comprometer mejor al cliente con las pruebas de cliente por sus habilidades de carácter.
¿Qué supone todo esto para el proyecto?
Lo cierto es que la combinación de un cliente con un equipo escaso de tiempo y disponibilidad y carente de liderazgo que tenga los procesos poco definidos con un consultor inexperto o incapaz es un cóctel explosivo que puede llevar fácilmente al fracaso. En estos casos una buena metodología y jefatura de proyecto pueden minimizar los daños, pero lo cierto es que las cuatro variables (cliente, consultor, jefe de proyecto del Partner y metodología) son esenciales para el éxito.
El principal problema que se da ante un consultor inexperto es el temido cambio de alcance. El proyecto había sido definido en precio y plazo para un alcance determinado y las modificaciones de dicho alcance generan ampliaciones que suelen ser imprevistas y dolorosas. La negociación de las temidas ampliaciones suele generar, además, fricciones que enrarecen el clima del proyecto.
Otro problema creado típicamente por un consultor poco cualificado es que genera más confusión que seguridad. Esto deviene en desconfianza en el resultado del proyecto. Cuando fallan las pruebas o los procesos reales, aparecen constantes vacíos de funcionalidad, y el consultor no tiene la capacidad para aportar soluciones, el cliente empieza a tomar medidas de protección ante el fracaso como posponer el arranque, arranques paralelos y otras.
Cómo evitar que ocurra todo esto
Varios son los puntos sobre los que se puede trabajar para minimizar los problemas comentados anteriormente. Se trata de que se implanten los mecanismos para evitar los problemas en vez de tener que resolverlos.
La acción más obvia es dedicar a cada tarea a los consultores que tengan la cualificación adecuada para ella. De esta forma, los consultores junior podrán ir haciendo ciertas tareas sencillas como algunas configuraciones básicas, formaciones iniciales, asistencias a consultores senior y algunas pruebas bien dirigidas. El resto de las tareas quedan reservadas para consultores senior y, en algunos casos, consultores muy expertos con un equipo de apoyo.
Una buena metodología ayuda a suplir las lagunas de gestión que puedan presentar algunos consultores. Especialmente en la fase de pruebas con la realización de un buen documento de pruebas que deberán ser repetidas ante el cliente. La metodología obliga al cliente a aprobar los documentos funcionales y las pruebas, por lo que les obliga a involucrarse al máximo.
Una buena jefatura de proyecto es también esencial para minimizar los daños de consultores inexpertos. Aparte de supervisar el trabajo realizado, puede proporcionarle medios adicionales si estos fueran necesarios y forzar al cliente a una mayor involucración si esta fuera inicialmente insuficiente.
En paralelo a todo esto está la cultura del Partner. Un Partner que sea culturalmente pro-cliente y que cuide su reputación estará más implicado a nivel global para atajar lo antes posible los problemas comentados. Tendrá además los mecanismos de aprendizaje que le lleve a minimizarlos en el futuro.
Recomendaciones finales
Finalizamos este artículo con dos comentarios que esperamos sean útiles; uno para el cliente que va a comprar un ERP y otro para los consultores que quieran progresar:
Para clientes
Cuando una empresa haya decidido implantar un ERP, debe seguir el siguiente proceso:
- Escoger el ERP adecuado
- Escoger el Partner adecuado
- Que el Partner elegido comprometa un equipo de proyecto con un consultor senior que el cliente haya podido conocer previamente.
Para consultores
Todas las habilidades comentadas se pueden aprender, normalmente a través de hábitos. Para ello se requiere una mentalidad de crecimiento que nos empuje a mejorar cada día con la consciencia de que podemos progresar, aprendiendo de cada error, hasta donde nosotros queramos. Es una simple elección.
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